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FeL, Internacional — 15/03/2012 03:18

129 años después de su muerte

Del periódico Solidaridad copiamos un texto sobre el nacimiento de Marx que vale la pena recordar 129 años después de su muerte “Homenaje al natalicio de Carlos Marx. Tréveris, Alemania, 5 de mayo de 1818 – Londres, Reino Unido, 14 de marzo de 1883″

http://periodico-solidaridad.blogspot.com/2011/05/homenaje-al-natalicio-de-carlos-marx.html

Desde sus orígenes el anarquismo se ha caracterizado por su riña (real o infundada) contra Marx. Sin embargo, el tiempo y la crítica fundada ha sido capaz de ir limando ciertos aspectos, al mismo tiempo en que aclara otros, yendo más allá de la pura propaganda superficial. Esto tiene como resultado, en el marco general del campo socialista, que las diferencias entra el pensamiento marxiano y la corriente libertaria no son absolutas. No se trata de dos concepciones completamente opuestas, de dos campos ajenos, sino de dos momentos que expresan situaciones diversas del los movimientos sociales que las van encarnando. Esto se confirma a la hora que asumimos que estas mismas expresiones ideológicas no son homogéneas en su interior.
Por otro lado, tampoco se puede desconocer la trayectoria fatídica del marxismo como expresión ideológica de una clase social: la burocracia, la que intentó dominar, con mayor o menor éxito,las múltiples manifestaciones del movimiento popular a nivel mundial. Si embargo, a una perspectiva crítica no le es difícil delinear una notable diferencia entre Marx y el marxismo, diferencia que nos debe dejar claro que las ideologías no son derivaciones de un dogma, sino que son expresiones concretas de situaciones históricas, son la forma en que las clases tratan de resolver sus contradicciones, es un campo de lucha más. Por lo tanto, es tan ilusorio como vano el tratar de vincular de forma lineal y mecánica a Marx con el marxismo, así como es tan ilusorio y vano el vincular a Bakunin de forma mecánica y lineal con el anarquismo. La pura historia de las ideas es vacía si no se vincula con su momento histórico.
Es por eso que, en el marco de esa distancia crítica, hemos querido rendir este pequeño homenaje a aun pensado que, aunque a muchos les moleste, sigue siendo fundamental para comprender la lógica interna de la sociedad capitalista.

A continuación, publicamos un texto extraído de la pagina del CICA, y que recoge apuntes del texto preparatorio a la “Guerra civil en Francia”, el texto -para muchos- más libertario de Marx y que causó mucha polémica entre los anarquistas de la época.

La Comuna de París y la supresión del Estado
Extractos de los borradores de La Guerra Civil en Francia 

El Estado centralizado 

«La maquinaria del Estado centralizada que, con sus ubicuos y complicados órganos militares, burocráticos, clericales y judiciales, estruja a la sociedad civil viva como una boa constrictor, fuera forjado primero en los días de la monarquía absoluta como un arma de la naciente sociedad moderna en su lucha de emancipación del feudalismo. Los privilegios señoriales de los señores, ciudades y clero medievales fueron transformados en los atributos de un poder estatal unitario, desplazando a los dignatarios feudales por funcionarios asalariados del Estado, transfiriendo las armas de los guardas medievales de los señores de la tierra y las corporaciones de ciudadanos de la urbe a un ejército permanente, sustituyendo la cuadriculada (con colores de partido) anarquía de los poderes medievales contrapuestos por el plan regulado de un poder estatal, con una división sistemática y jerárquica de trabajo. (…)

Esta parasitosa la sociedad civil, pretendiendo ser su contraparte ideal, creció hasta su pleno desarrollo bajo el poder del primer Bonaparte. (…) En su lucha contra la Revolución de 1848, la República parlamentaria de Francia y los gobiernos de toda la Europa continental, fueron obligados a fortalecer, con sus medidas de represión contra el movimiento popular, los medios de acción y la centralización de ese poder gubernamental. De este modo, todas las revoluciones sólo perfeccionaban la maquinaria del Estado, en lugar de arrojar fuera esta carga mortificadora. Las fracciones y partidos de las clases dominantes que alternativamente luchaban por la supremacía, consideraron la ocupación y la dirección de esta inmensa maquinaria de gobierno como el botín principal del vencedor. Ésta se centró en la creación de inmensos ejércitos permanentes, una hueste de sabandijas del Estado, y enormes deudas nacionales. Durante la época de la monarquía absoluta, era un instrumento de la lucha de la sociedad moderna contra el feudalismo, coronada por la Revolución francesa, y bajo el primer Bonaparte sirvió no sólo para subyugar la Revolución y aniquilar todas las libertades populares; era un instrumento de la Revolución francesa para golpear en el extranjero, para crear para Francia en el Continente, en lugar de monarquías feudales, Estados más o menos siguiendo la imagen de Francia. Bajo la Restauración y la Monarquía de julio se convirtió no sólo en medio de la violenta dominación de clase de la clase media1, mas en medio de agregar a la explotación económica directa una segunda explotación del pueblo, asegurando a sus familias [es decir, a las de la clase media] todos los emplazamientos ricos de la casa del Estado (State household). Por último, durante la época de la lucha revolucionaria de 1848, sirvió como medio de la aniquilación de esa Revolución y de todas las aspiraciones a la emancipación de las masas populares.

Pero el Estado parásito recibió sólo su último desarrollo durante el Segundo Imperio. El poder gubernamental, con su ejército permanente, su burocracia que todo lo dirige, su clero embobecedor (stultifying) y su servil jerarquía judicial, se habían hecho tan independientes de la sociedad misma que un aventurero grotescamente mediocre, con una hambrienta banda de bandidos detrás suya, bastaba para manejarlo.»

La fisionomía y carácter del poder del Estado

«Su carácter político cambió simultáneamente con los cambios económicos de la sociedad. Al mismo paso que el progreso de la industria desarrolló, ensanchó e intensificó el antagonismo de clases entre capital y trabajo, el poder gubernamental asumió cada vez más el carácter de poder nacional del capital sobre el trabajo, de una fuerza política organizada para reforzar la esclavitud social, de un mero ingenio del despotismo de clase.»

«…En el mismo grado en que el progreso económico de la sociedad moderna inflaba las filas de la clase obrera, acumulaba sus miserias, organizaba su resistencia y desarrollaba sus tendencias a la emancipación -en una palabra, que la lucha de clases moderna, la lucha entre trabajo y capital, asumía figura y forma-, [en ese mismo grado] la fisionomía y el carácter del poder del Estado sufrían un cambio notable. Siempre había sido el poder para el mantenimiento del orden, es decir, del orden existente de la sociedad y, por lo tanto, de la subordinación y explotación de la clase productora por la clase apropiadora. Pero, mientras este orden era aceptado como una necesidad incontrovertible e incontestada, el poder del Estado podía asumir un aspecto de imparcialidad. Mantenía la subordinación existente de las masas, que era el inalterable orden de cosas y un hecho social que no era sometido al concurso de las masas, ejercida por sus “superiores naturales” sin solicitud.

Con la entrada de la sociedad misma en una nueva fase, la fase de lucha de clases, el carácter de su fuerza pública organizada, el poder del Estado, no pudo más que cambiar también (sufre también un marcado cambio) y desarrolla cada vez más su carácter de instrumento del despotismo de clase, de ingenio político que perpetúa por la fuerza el esclavizamiento social de los productores de la riqueza por sus apropiadores, [instrumento] de la dominación económica del capital sobre el trabajo.»

«Sobre los talones de cada revolución popular, marcando una nueva fase progresiva en la marcha (el desarrollo) (el curso) de la lucha de las clases (la lucha de clases), el carácter represivo del poder del Estado se torna más despiadado y más despojado de disfraz.»
«Después de cada nueva revolución popular, que resultaba en la transferencia de la dirección de la maquinaria del Estado de un grupo de las clases dominantes a otro, el carácter represivo del poder estatal se desarrollaba más completamente y era usado más implacablemente, porque las promesas hechas, y en apariencia aseguradas por la Revolución, sólo podrían romperse mediante el empleo de la fuerza. Además, el cambio operado por las sucesivas revoluciones sólo sancionó políticamente el hecho social, el poder creciente del capital, y, por consiguiente, transfirió el poder del Estado más y más directamente a manos de los antagonistas directos de la clase obrera.»

La conquista del poder por el proletariado y la Comuna

«Pero el proletariado no puede, como las clases dominantes y sus diferentes fracciones rivales han hecho en las horas sucesivas a su triunfo, simplemente tomar posesión del cuerpo del Estado existente y manejar este instrumento ya hecho para su propio propósito. La primera condición para la posesión del poder político, es transformar [la] maquinaria de funcionamiento y destruirla -un instrumento de la dominación de clase-. Esa enorme maquinaria gubernamental, estrujando como una boa constrictor el verdadero cuerpo social en las redes ubicuas de un ejército permanente, una burocracia jerárquica, una policía obediente, un clero y una magistratura servil, fuera forjada primero en los días de la monarquía absoluta como un arma de la naciente sociedad de la clase media en sus luchas de emancipación del feudalismo. La primera Revolución francesa, con su tarea para dar pleno alcance al desarrollo libre de la moderna sociedad de la clase media tenía que barrer todas las fortalezas locales, territoriales, municipales y provinciales del feudalismo, preparó la base social para la superestructura de un poder estatal centralizado, con órganos omnipresentes ramificados según el plan de una división sistemática y jerárquica del trabajo.

Pero la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la maquinaria del Estado ya lista y manejarla para su propio propósito. El instrumento político de su esclavitud no puede servir como el instrumento político de su emancipación.»

«La verdadera antítesis del Imperio mismo -esto es, del poder del Estado, el ejecutivo centralizado, del que el Segundo Imperio era sólo la fórmula agotadora- era la Comuna. Este poder del Estado constituye, de hecho, la creación de la clase media, primero como un medio para derribar el feudalismo, luego como un medio para aplastar las aspiraciones emancipatorias de los productores, de la clase obrera. Todas las reacciones y todas las revoluciones sólo habían servido para transferir ese poder organizado -esa fuerza organizada de la esclavitud del trabajo- de unas manos a otras, de una fracción de las clases dominantes a la otra. Había servido a las clases dominantes como medio de subyugación y de vil enriquecimiento. Había absorbido nuevas fuerzas de cada nuevo cambio. Había servido como instrumento para echar abajo cualquier levantamiento popular y sirvió para aplastar a las clases trabajadoras después de que hubieran luchado y fuese ordenado asegurar su transferencia de una parte de sus opresores a los otros.

Ésta no era, por tanto, una revolución contra esta o esa forma legitimada, constitucional, republicana o imperialista del poder del Estado. Era una revolución contra el Estado mismo, este aborto sobrenaturalista de la sociedad, una reasunción por el pueblo y para el pueblo de su propia vida social. No era una revolución para transferirlo de una fracción de las clases dominantes a otra, sino una revolución para derribar esta misma hórrida maquinaria de dominación de clase. No era una de esas luchas enanas entre las formas ejecutiva y parlamentaria de la dominación de clase, sino una revuelta contra ambas, integrando la una con la otra, y de las que la forma parlamentaria era sólo el engañoso trabajo entre horas del Ejecutivo. El Segundo Imperio era la forma final de esta usurpación del Estado. La Comuna era su negación definida, y, por consiguiente, la iniciación de la Revolución Social del siglo XIX. Cualquiera que fuese, por tanto, su destino en París, daría le tour du monde*. Fue aclamada en seguida por la clase obrera de Europa y los Estados Unidos como la palabra mágica de liberación. Las glorias y las hazañas antediluvianas del conquistador prusiano parecían sólo alucinaciones de un pasado ya dejado atrás.

Era sólo la clase obrera la que podría formular mediante la palabra “Comuna”, e iniciar mediante la combatiente Comuna de París, esta nueva aspiración. (…)

Sólo los proletarios, encendidos por una nueva tarea social que cumplir por ellos [mismos] para toda la sociedad, suprimir todas las clases y la dominación de clase, eran los hombres encargados de romper el instrumento de esa dominación de clase, el Estado, el poder gubernamental centralizado y organizado que usurpa ser el amo en lugar del sirviente de la sociedad. (…) Por ellos fue destruido, no como una forma peculiar de poder gubernamental (centralizado), sino como su más poderosa expresión, elaborada en aparente independencia de la sociedad, y, por consiguiente, también su realidad más prostituida, cubierta de arriba a abajo por la infamia, habiéndose establecido en la corrupción absoluta en casa y en la ineficacia absoluta en el exterior.

Pero esta misma forma de dominación de clase sólo había sido derribada para hacer al Ejecutivo, la maquinaria gubernamental del Estado, el gran y único objeto de ataque para la revolución.

El parlamentarismo en Francia había llegado a su fin. Su último término y más pleno poder fue la República Parlamentaria de mayo de 1848 hasta el coup d’état.** El Imperio que la asesinó era su propia creación. Bajo el Imperio, con su cuerpo legislativo y su senado -con esta forma había sido reproducido en las monarquías militares de Prusia y Austria-, había sido una mera farsa, un mero trabajo entre horas del despotismo en su forma más cruda. El parlamentarismo estaba entonces muerto en Francia y la revolución de los obreros no iba ciertamente a despertarlo de esta muerte.»

«La Comuna -la reabsorción del poder del Estado por la sociedad como sus propias fuerzas vivas en lugar de como fuerzas que la controlan y la subyugan, por las masas populares mismas, formando su propia fuerza en lugar de la fuerza organizada de su opresión- [es] la forma política de su emancipación social, en lugar de la fuerza artificial (apropiada por sus opresores, su propia fuerza opuesta a ellos y organizada contra ellos) de la sociedad manejada por sus enemigos para su opresión. La forma era simple, como todas las grandes cosas. La reacción de las revoluciones anteriores -el tiempo necesario para todos los desarrollos históricos, y en el pasado siempre perdido en todas las revoluciones en los mismos días del triunfo popular, cuando quisiera que [el pueblo] hubiese rendido sus brazos victoriosos, para ser vuelto contra sí mismo- [se afrontó] en primer lugar mediante el desplazamiento del ejército por la Guardia Nacional.

El autogobierno obrero y las funciones estatales

«Es una absurdidez decir que las funciones centrales, no de autoridad gubernamental sobre el pueblo, sino necesarias para las necesidades generales y comunes del país, se volverían imposibles. Estas funciones existirían, pero los funcionarios mismos no podrían, como en la vieja maquinaria gubernamental, alzarse a sí mismos sobre la sociedad real, porque las funciones iban a ser ejecutadas por agentes comunales y, por tanto, siempre bajo control real. Las funciones públicas dejarían de ser una propiedad privada conferida por un gobierno central a sus herramientas.»

«[Se disipa] la ilusión de que la administración y la gobernación política fuesen misterios, funciones transcendentes a ser confiadas únicamente a las manos de una casta adiestrada -los parásitos del Estado, sicofantes ricamente pagados y sinecuristas en los puestos más altos, absorbiendo la inteligencia de las masas y volviéndolas, contra ellas mismas, a los lugares más bajos de la jerarquía. Suprimiendo la jerarquía del Estado en conjunto y reemplazando a los altaneros amos del pueblo por servidores siempre revocables, una falsa (mock) responsabilidad por una responsabilidad efectiva (real), en tanto actúan continuamente bajo la supervisión pública. Pagados como obreros cualificados, 12 libras al mes, no excediendo el salario más alto de 240 libras al año, un salario de poco más de 1/5, según una gran autoridad científica, Profesor Huxley, para satisfacer a un empleado para la junta de la Escuela Metropolitana.

Toda la farsa de los misterios del Estado y de las pretensiones del Estado fue suprimida mediante una Comuna, que consistía mayormente en simples obreros, organizando la defensa de París, cargando con la guerra contra los pretorianos de Bonaparte, asegurando el aprovisionamiento de esa inmensa ciudad, cubriendo todos los puestos hasta ahora divididos entre el gobierno, la policía y la prefectura, haciendo su trabajo públicamente, simplemente, bajo las circunstancias más difíciles y complicadas, y haciéndolo, como Milton hizo su Paraíso Perdido, por unas pocas libras, actuando a la brillante luz del día, sin pretensiones de infalibilidad, no escondiéndose detrás de las oficinas de circunlocución, no avergonzados de confesar las pifias (blunders) corrigiéndolas. Haciendo por orden de las funciones públicas -militares, administrativas, políticas- funciones de los obreros reales, en lugar de atributos ocultos de una casta especializada; (manteniendo el orden en la turbulencia de la guerra civil y la revolución) (iniciando medidas de regeneración general).

Cuales quiera fuesen los méritos de las únicas medidas de la Comuna, su mayor medida era su propia organización, improvisada con el enemigo extranjero por una puerta y el enemigo de clase por la otra, probando por su vida su vitalidad, confirmando sus tesis por su acción. Su apariencia era la de una victoria sobre los vencedores de Francia. El París cautivo reasumió por una intrépida primavera la dirección de Europa, no dependiendo de la fuerza bruta, sino tomando la dirección del movimiento social, dando cuerpo a las aspiraciones de la clase obrera de todos los países.

Con todas las grandes ciudades organizadas en Comunas siguiendo el modelo de París, ningún gobierno podría reprimir el movimiento mediante la sorpresa de una reacción repentina. Incluso para este paso preparatorio, el tiempo de incubación, la garantía del movimiento, llegó. Toda Francia [sería] organizada en Comunas autoadministradas (self-working) y autogobernadas, el ejército permanente reemplazado por las milicias populares, suprimido el ejército de parásitos del Estado, la jerarquía clerical desplazada por el maestro de escuela, el juez del Estado transformado en órganos comunales, el sufragio para la representación nacional no una materia de juego de manos para un gobierno todopoderoso, sino la expresión deliberada de las Comunas organizadas, las funciones del Estado reducidas a unas pocas funciones para propósitos nacionales generales.

Tal es la Comuna -la forma política de la emancipación social, de la liberación del trabajo de las usurpaciones (posesión de esclavos) de los monopolistas de los medios de trabajo, creada por los trabajadores mismos o constituyendo el don de la naturaleza3-. Como la maquinaria del Estado y el parlamentarismo no son la vida real de las clases dominantes, sino sólo los órganos generales organizados de su dominio, las garantías políticas, formas y expresiones del viejo orden de cosas, así la Comuna no es el movimiento social de la clase obrera y, por tanto, de una regeneración general de humanidad, sino los medios organizados de acción.

La Comuna no suprime las luchas de clases, a través de las cuales las clases obreras se esfuerzan por la abolición de todas las clases y, por consiguiente, [de la dominación de clase] de todas las clases (porque no representa un interés peculiar, representa la liberación del “trabajo”, que es la condición fundamental y natural de la vida individual y social que sólo por la usurpación, el fraude y las invenciones artificiales puede ser desplazada desde la minoría sobre la mayoría), pero ella ofrece el medium racional en que esa lucha de clases puede recorrer sus diferentes fases del modo más racional y humano. Ella podría empezar reacciones violentas y como las revoluciones violentas. Comienza la emancipación del trabajo -su gran meta- suprimiendo el trabajo improductivo y perjudicial (mischievous) de los parásitos del Estado, por un lado cortando las fuentes que sacrifican una inmensa porción del producto nacional para el alimento del monstruo del Estado; por el otro, haciendo el verdadero trabajo de la administración, local y nacional, por salarios obreros. Empieza, por consiguiente, con un inmenso ahorro, con la reforma económica así como con la transformación política.

Con la organización comunal una vez establecida firmemente a una escala nacional, las catástrofes que todavía podría tener que sufrir serían las insurrecciones esporádicas de los esclavistas, lo que, mientras que por un momento interrumpiría el trabajo de progreso pacífico, solamente aceleraría el movimiento, poniendo la espada en manos de la Revolución social.

La clase obrera sabe que ellos tienen que atravesar fases diferentes de lucha de clases. Saben que el reemplazo de las condiciones económicas de la esclavitud del trabajo por las condiciones del trabajo libre y asociado pueden sólo ser la obra progresiva del tiempo (esa transformación económica), que no sólo requieren un cambio de distribución, sino una nueva organización de la producción, o más bien la liberación de las formas sociales de producción del presente trabajo organizado (engendradas por la presente industria), de las tramas de la esclavitud, de su presente carácter de clase, y su armoniosa coordinación nacional e internacional. Ellos saben que este trabajo de regeneración será una y otra vez ralentizado e impedido por la resistencia de los intereses establecidos y de los egoísmos de clase. Saben que la presente “acción espontánea de las leyes naturales del capital y de la propiedad de la tierra” sólo pueden reemplazarse por “la acción espontánea de las leyes de la economía social del trabajo libre y asociado”, a través de un largo proceso de desarrollo de nuevas condiciones, como lo fueran la “acción espontánea de las leyes económicas de la esclavitud” y la “acción espontánea de las leyes económicas de la servidumbre”. Pero ellos saben, al mismo tiempo, que pueden darse grandes pasos en seguida a través de la forma comunal de organización política y que ha llegado la hora de empezar ese movimiento para ellos mismos y para la humanidad.»

«Las aspiraciones del proletariado, la base material de su movimiento, es el trabajo organizado a gran escala, aunque ahora organizado despóticamente, y los medios de producción centralizados, aunque ahora centralizados en manos del monopolista, no sólo como medios de producción, sino como medios de la explotación y esclavizamiento del producteur.* Lo que el proletariado tiene que hacer es transformar el presente carácter capitalista de ese trabajo organizado y esos medios de trabajo centralizados, transformarlos de medios de dominación de clase y explotación de clase en formas de trabajo libre asociado y medios sociales de producción.»

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     No es mi intención saltar con el anarcometro disipado, pero la
    introducción al texto presentado está mal planteado en cosas básicas que
    solo pueden traer aún más confusión a la difusión de las ideas
    anarquistas,y mucho más aun hacerlo desde una página que pretende ser me
    imagino, un referente del movimiento estudiantil libertario en
    argentina; considero pues que está mal planteado por lo siguiente:

    1) No es desde el origen del anarquismo la discusión ideologica con Marx
    y sus seguidores, el anarquismo viene de  muuuchos años antes que las
    polémicas de las primera internacional.

    2) Claro que el anarquismo no está contra Marx como un todo, si no
    contra el concepto o la praxis de las dictadura del proletariado y  la
    toma del poder del Estado.

    3) Es una obviedad que las diferencias no son absolutas, pero eso no
    quiere decir nada, ya que si es por eso el anarquismo no tiene
    diferencias absolutas con ninguna otra ideología, ya que todas dicen
    buscar “la igualdad” o la “libertad”.

    4) si que se puede vincular a Marx con el Marxismo pues lleva su nombre 
    el pensamiento que él expone, pero nunca de la misma manera que Bakunin
    con el anarquismo, ya que a pesar de que Bakunin marcó un antes y un
    después en la historia del pensamiento anarquista, no deja de ser un
    exponente más de las ideas libertarias, por eso salvo ciertos grupos de
    influencias en la primera internacional, no nos llamamos “bakuninistas”.

    Un saludo  Libertario lleno de odio Anti-Estatal.

    • Viejo Topo - FEL

      Hola compañero, gracias por el comentario. No creo en absoluto que hayas saltado (como suele suceder tan frecuentemente) con el “anarcómetro disipado”. Siempre da gusto debatir sin exaltaciones innecesarias.

      1) Depende de cuándo uno sitúe el origen del anarquismo. Personalmente, creo que no había tal cosa antes de Bakunin. Por ende, según mi perspectiva, la rivalidad con Marx casi nacería con el anarquismo.

      2) Si entendemos la dictadura del proletariado como “la clase obrera constituida como clase dominante” (palabras de Marx), entonces esta noción es comunista libertaria. Por otro lado, respecto de la concepción marxiana de Estado: es necesario distinguirla de la “toma del poder del Estado”, cuestión que Marx nunca trató cabalmente. En cambio, este desarrollo corresponde a Lenin (entre otros).

      3) El problema es que, con lamentable frecuencia, esta diferencia ha sido planteada desde el anarquismo como realmente “absoluta”.

      4) Al distinguir entre “maxiano” y “marxista”, se distingue entre el desarrollo teórico del propio Marx (las obras escritas por él), y el desarrollo teórico de sus seguidores. De esta manera, se busca dejar en claro, por ejemplo que los postulados teóricos de Lenin en “El Estado y la Revolución”, no son la “prosecución necesaria” de la teoría de Marx. Y en este sentido, se vuelve útil distinguir entre pensamiento marxiano (Marx), y marxista (Lenin, Trotsky, Hilferding, Santucho, etc).

      En lo personal, encuentro tan atractivo tanto el pensamiento marxiano, como muchas obras “marxistas”.

      Saludos