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FeL, Formación — 29/06/2012 02:39

Sobre el programa

Como libertarios, tenemos claro cuáles son nuestros fines y cuáles son –a grandes rasgos –los medios a través de los cuales nuestra tradición en particular considera como apropiados para alcanzar esos fines. Sin embargo, la realidad a la que nos enfrentamos diariamente con nuestra militancia está ciertamente lejos de las formas de organización históricos de nuestra clase y de las críticas consistentes a las diferentes manifestaciones de la dominación y la explotación que hacemos; por esta distancia, está lejos nuestra clase de aquella ruptura revolucionaria que terminará con el sistema capitalista. La importancia del programa que se dan las organizaciones revolucionarias radica justamente en dichas lejanías: el programa (con sus estrategias y sus tácticas, con sus aciertos y desaciertos) constituye los escalones faltantes para alcanzar los ejes estratégicos fundamentales del programa comunista libertario.

La izquierda libertaria debería tener especial preocupación por la discusión, elaboración y evaluación de nuestras tácticas y estrategias, pues tenemos la convicción de que no existen medios cualquiera para lograr fines específicos, sino que los fines a los que se llega están determinados de forma terminante por los medios que se utilizan. Sobran los ejemplos de lo que la falta de un programa –o la existencia de un programa errado –puede causar. En el presente documento, se intentará explicar en términos lo más concretos posibles la importancia de que nuestra organización comience a trabajar en la construcción de un programa propio, así como dar una propuesta metodológica para dicha construcción.

El programa hacia la interna
Nuestra organización tiene un ámbito específico de militancia y, si bien es su tarea promover el establecimiento de lazos firmes del movimiento estudiantil con el resto de los sectores de la clase obrera, su deber es también aportar a la lucha de nuestra clase desde la trinchera que es nuestro ámbito cotidiano de militancia (el colegio, el instituto, la facultad). Así, el fin del Frente de Estudiantes Libertarios está entrelazado con los objetivos finalistas del comunismo libertario en tanto doctrina, pero también está restringido al ámbito educativo y, más específicamente, al movimiento estudiantil.

Ya se habrá pensado desde el principio de la lectura de este que este no es un camino que no hayamos comenzado a recorrer ya; de hecho, hay muchas cosas de corte programático que tenemos esbozados en varios de nuestros materiales, como en nuestras propuestas para conformar frentes y para Centros de Estudiantes. Sin embargo, hace falta saber por qué carriles transitar hacia dichos fines. Por supuesto, serán nuestros principios los que nos permitan distinguir cuáles son y cuáles no son los correctos. No obstante, no es suficiente (y sería incluso erróneo) un razonamiento principista para alcanzar nuestros objetivos; hace falta, en cambio, un razonamiento de corte programático, cuya base sea el buscar avanzar hacia nuestro norte estratégico.

Las principales ventajas que nos da la estructuración de un programa hacia la interna tienen que ver con la organización consciente de nuestra militancia y con la evaluación de la misma bajo la lupa del cumplimiento o no (y sus respectivos balances) de objetivos fijados de acuerdo a determinadas coyunturas o periodos, ambas categorías definidas a la vez en profundas discusiones que nos permitirán (y he aquí otra ventaja) comprender mejor la realidad que nos rodea –tanto en nuestro ámbito de militancia en particular como en un contexto nacional, regional y global –y bajo esta comprensión poder establecer lazos y alianzas más allá del ámbito en el que se circunscribe nuestra militancia de base. La existencia de un programa nos permite saber cómo interceder frente a las cosas que se nos presentan de forma tal de acercarlas más hacia nuestro objetivo, en lugar de ir corriendo detrás de cada conflicto.

El programa hacia la externa
Si nos detenemos también en buscar y ver en dónde suma tener un programa, no podemos ignorar que además de la estructuración interna, el programa aporta también hacia afuera de la organización. Como señala certeramente el compañero José Antonio Gutiérrez en su artículo Consideraciones sobre el Programa Anarquista, “[el programa] nos permite terminar con dos lastres del movimiento libertario: primero, con la política satelital en torno al resto de la izquierda que nos convierte en meros contradictores o seguidores de otras alternativas, sin una apuesta propia y sin ser, por consiguiente, alternativa en derecho propio. Por otra parte, también nos ayuda a superar las desviaciones sectarias, ya que muchas veces el sectarismo y la incapacidad de asumir correctamente una política de alianzas se debe a la falta de claridad de los mismos libertarios en torno a sus propios objetivos inmediatos”[1]. Lo que nos interesa enfatizar es la importancia de sistematizar y plasmar todas esas discusiones y acuerdos –en los que sí hemos avanzado –en un documento, nuestro Programa.

Pero, en términos de beneficios hacia la externa, el programa no solo sirve para posicionarnos como una fuerza con un proyecto propio ante otras organizaciones y partidos, sino que lo hace además frente a un amplio espectro de personas. Y no solo eso, sino que muestra a la izquierda libertaria como una doctrina con los pies bien puestos en el suelo y como una opción posible que propone, construye y avanza tanto en el corto o mediano plazo como hacia un objetivo aún mayor. De allí la importancia que también tiene el posicionarnos de forma fuerte y explícita frente a todas las formas de opresión existentes, de allí la importancia de ahondar en las disciplinas en las que nos desenvolvemos. En definitiva, todas estas líneas a desarrollar ayudarán a mostrarnos a los libertarios no como honestos y profundos soñadores, sino como constructores de una sociedad posible y necesaria, lo cual puede llamar la atención y sumar simpatías de una serie de compañeros y compañeras que usualmente ven al comunismo libertario como un sueño hermoso pero imposible en el actual estado de las cosas. El programa es, además de una herramienta política de la organización que le dice hacia dónde direccionar sus fuerzas, un elemento de difusión y propaganda, diferente del de propaganda ideológica.

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Nota

[1] El artículo completo puede ser leído en http://www.anarkismo.net/article/13144

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