Balance FeL Terciarios Post-Congreso I 2012

Published on enero 19th, 2013

A través del presente texto pretendemos balancear el año desde el núcleo terciarios del Frente de Estudiantes Libertarios. El objetivo es plasmar cuales han sido los aciertos y cuales los aprendizajes, de la mano de la línea estratégica que se planteó nuestra organización en su 1er Congreso. Creemos que los importantes aciertos y la eficacia política que ha tenido el FeL en el Joaquín V. González parten en gran medida de la claridad de la que se dotó la organización en aquella instancia. Por eso afirmamos que el balance de año ha sido sumamente positivo, y que el Congreso dio a la organización las herramientas para poder proyectar una política que llegue al masivo de los estudiantes, manteniendo su proyecto popular y de clase.

1) El 1er Congreso y la estrategia en terciarios

A grandes rasgos, podemos describir la trayectoria de nuestra joven organización en 2 etapas. En primer lugar un momento que va desde su nacimiento hasta el cambio de estrategia que comienza a principios del 2012, donde predominó una idea de la organización como un espacio ideológico, que se encargaba de hacer propaganda entre el estudiantado, y en el cual el trabajo reivindicativo pesaba tanto como la difusión. En segundo lugar, una etapa que va madurando desde comienzos de este año, y que tiene su consolidación en el 1er Congreso, en la cual se comprende la necesidad de la lucha reivindicativa (tanto económica como democrática) para aportar al trabajo político en el frente estudiantil.

En el 1er Congreso se estableció la necesidad de tener un arraigo fuerte en la lucha reivindicativa del estudiantado (lucha que podía ser por condiciones de cursada, planes de estudio, democratización de las instancias gremiales y de cogobierno) para desplegar una militancia que apueste a llegar al conjunto de los estudiantes, y no sólo a aquellos que se reconocen de izquierda. De la mano de esto, se planteo un perfil que rompa con el estereotipo discursivo de la militancia de izquierda, y pueda acercarse a los estudiantes desde su situación concreta, para a partir de allí poder entablar un proceso que lleve a la discusión política. Se trata de empezar por lo particular (lo reivindicativo) para llegar a lo general (la política general).

Esto que puede parecer muy sencillo, nos diferencia de casi la totalidad de las organizaciones de corte revolucionario. En general, la izquierda parte de una idea abstracta de que es necesario empezar por la política nacional, para luego llegar a lo particular, tildando de reformista o sindicalista puro a cualquiera que no parta de dicha premisa. Esto no es patrimonio sólo del trotskismo, sino de otras corrientes. De allí que se dirigen a los estudiantes solamente a partir de temas generales, normalmente con un discurso poco adaptado a las particularidades del medio o a su nivel de desarrollo político, descuidando a su vez todo trabajo particular serio. La estrategia que el FeL tomó se abocaba a romper con esta militancia consignista, y establecer una estrategia en la cual tenga centralidad la política realmente de masas.

En el caso del núcleo terciarios, nuestra militancia se desarrolló en el ISP Joaquín V. González. Este es el terciario más grande del país, con una matrícula inicial de 6 mil estudiantes, con 16 carreras sumamente variadas (desde materias de corte social como Historia o Geografía, hasta materias exactas como Matemática o Física, pasando por Inglés, Lengua y Literatura, Filosofía, etc.). Partimos de un análisis concreto de la situación concreta, para a partir de este aplicar la estrategia general de la organización. Llegamos a la conclusión de que los terciarios eran un espacio con poco desarrollo político, a lo cual se sumaba el reflujo político que atravesábamos luego de la lucha del 2010. En el caso concreto del Joaquín, se sumaba la heterogeneidad de los perfiles que trae aparejada la gran diversidad de carreras. Es por eso que definimos abocarnos en primera medida a una serie de trabajos locales, con el objetivo de acumular fuerzas desde carreras específicas donde podíamos interpelar a los estudiantes desde sus problemas directos. Para esto apostamos a la unidad con con otro espacio político, llamada La Martedí, con el que compartimos una serie de definiciones que nos permitían trabajar en confianza y con la misma perspectiva estratégica.

En este sentido, impulsamos con fuerza la suspensión de una serie de correlatividades del nuevo plan de Historia (que trababan en gran medida la cursada) y la prórroga para aquellos que estudian en el viejo plan, así como la aprobación de un proyecto de apertura de turno tarde para las carreras de Filosofía, Psicología y Ciencias de la Educación (las cuales al tener un solo turno fomentaban la deserción). Ambas iniciativas se trabajaron de forma abierta de conjunto con muchos estudiantes no agrupados . Esto nos posibilitó conocer y poder trabajar de conjunto con nuevos compañeros independientes, que compartían nuestra manera de militar, nuestra estrategia o nuestro interés por las situaciones concretas. Al mismo tiempo, nos dio una referencia insipiente de cara al masivo, por trabajar temas específicos de las carreras, que eran sentidos por el grueso de los estudiantes. Por desgracia, el resto de las fuerzas abandonó la perspectiva de desarrollar estos temas. Solamente los tomaron cuando ya habíamos hecho solos la difusión del tema y las reuniones en todos los cursos, y cuando ya habíamos elaborado el proyecto. Esta falta de voluntad real por la militancia de base y el trabajo de cara a los problemas concretos que sufren la totalidad de los estudiantes es una de las causantes de la separación subjetiva que existe entre el grueso de los estudiantes y las agrupaciones políticas, así como del Centro de Estudiantes.

En nuestro caso, sin embargo, nos dio un buen panorama tanto de los aciertos como de las tareas a encarar en el Joaquín, lo cual nos llevó a proyectar de conjunto con la Martedí y compañeros independientes, la construcción de una nueva herramienta para la militancia, que será lo que hoy es La Maza.

2) La construcción de un frente de cara al masivo: nace La Maza

Hacia fines del 1er cuatrimestre nos encontramos trabajando como FeL junto a La Martedí, y a distintos compañeros independientes de diferentes carreras. Este grupo se conformó en los hechos desde el trabajo concreto por carreras que mencionábamos anteriormente. De allí que vimos la posibilidad y la necesidad de elevar los acuerdos y proyecciones de ese frente. Para esto partimos de ciertas definiciones centrales:

- El acierto que significó el trabajo reivindicativo en el terciario. Esto en un momento donde se desarrollaba el 1er Congreso y se consolidaba la línea estratégica actual.
- La necesidad de crear una herramienta que pueda funcionar como espacio para militantes independientes que no sienten o no ven la necesidad de formar parte integralmente de una organización política ya existente. Esto principalmente frente al déficit gremial en el Joaquín, donde el Centro no cuenta hasta el momento con ningún espacio abierto regular, como podrían ser secretarías o comisiones de trabajo.
- La importancia de dar vida pública a la alianza que teníamos con La Martedí y otros compañeros, dando un salto adelante en la relación al conformar un frente público.

Pensamos en ese sentido en un frente que se base en la necesidad de un trabajo gremial, y que a partir de allí desarrolle una discusión política. A su vez, partimos de la necesidad de definiciones que sean inclusivas hacia los activistas y que al mismo tiempo puedan ser comprendidas por el grueso de los estudiantes. Es por esto que no buscamos que el frente tenga una saturación de definiciones de izquierda, sino que por el contrario contenga lo justo para poder: a) desarrollar una militancia hacia el masivo y b) poder tener acuerdos que aporten a la politización del estudiantado. También pensamos en una herramienta que sea real para la militancia, donde cada compañero tenga acuerdos en común y también nos vayamos formando en diferentes aspectos políticos. De allí que la unidad y coherencia militante fueron centrales. Por último, discutimos sobre la necesidad de que el frente no entienda el medio educativo como algo cerrado sobre sí mismo, sino como una expresión más de la sociedad a la que apostamos a transformar a través del compromiso y la militancia; por eso tomamos como fundamental la discusión sobre el rol y la situación docente, entre otros temas que son fundamentales para un instituto de formación terciario. Nació así lo que es hoy La Maza. El lema “Desde Abajo y a la Izquierda” refleja lo general del espacio.

En La Maza militamos tanto compañeros del FeL y La Martedí, así como estudiantes independientes de diferentes carreras. Lo que ha sido importante para nosotros es romper con la relación que suelen tener las agrupaciones de cara a los independientes. Para el FeL cada compañero militante es un igual, con el que hemos apostado a construir codo a codo, aprendiendo a ser críticos y autocríticos. No se trata de utilizar el frente para la construcción de nuestra propia organización, sino que el frente sirva para la militancia en el medio estudiantil, tanto nuestra como de otros compañeros que asumen la tarea de luchar por la defensa de la educación pública. En esta experiencia el FeL aportó sus herramientas como organización, pero también hemos aprendido enormemente, tanto de los compañeros de La Martedí como de los estudiantes independientes con los que hemos trabajado. Esto ha generado una construcción diferente, que es referenciada por muchos estudiantes que hoy ven a La Maza como un espacio militancia serio y consecuente con una democracia real y transformadora.

3) Nuestro rol en el conflicto sobre las reformas

A poco tiempo de conformada La Maza, e iniciando el segundo cuatrimestre, nos encontramos como frente, junto al resto de los compañeros, con el inicio de un conflicto por la aplicación de nuevas reformas de los planes. Esta emanaba de las resoluciones de la Ley Nacional de Educación (aprobada en el 2006), de las resoluciones posteriores del Consejo Federal de Educación (aprobados desde el 2007 en adelante) y de los plazos que colocó el Instituto Nacional de Formación Docente (aprobados en el 2012). La reforma, similar a lo que representa la CONEAU en las universidades, tiene como objetivo la creación de un plan único por jurisdicción de cada carrera (por ejemplo, un solo plan de Biología en toda la Capital Federal), y de las unificación de los reglamentos orgánicos de cada institución. En concreto, se trata de una nueva reforma antieducativa, planteada por el gobierno nacional, y aplicada en Capital Federal por parte del gobierno porteño. La perspectiva de la misma es continuar el recorte presupuestario y adecuar la educación terciaria a las necesidades actuales del mercado, aunque para esto se la quiera adornar como una superación de la fragmentación provocada por la Ley Federal de los 90. A dicha reforma el rectorado de nuestra institución la llamó “homologación”. El resultado es el agregado de materias pedagógicas de manera exponencial en desmedro del contenido específico de cada disciplina, de la carga horaria, la puesta en riesgo la estabilidad docente (son reformas que pueden significar nuevos cierres de cursos), y atenta contra la poca autonomía que nos queda en nuestro reglamento orgánico. Todo esto desde ya sin reflexionar sobre el rol docente y las necesidades actuales de la sociedad con los sujetos que componen la comunidad educativa, y en plazos extremadamente cortos. A su vez, de no reformar, se ponía en juego la validez nacional de nuestros títulos.

Ante esta situación nos dedicamos a un estudio minucioso de lo que implicaba la reforma. En base a esto establecimos una estrategia para el proceso de lucha que iniciaba. En esta estrategia caracterizamos correctamente que se abría una nueva situación política, que unificaba a todas las carreras en torno a una reivindicación concreta (las reformas y la validez nacional), y que era un momento para poder politizar y aumentar los niveles de participación en el Instituto. A partir de allí, el trabajo que hicimos los distintos compañeros que conformamos La Maza se abocó en primera medida a la difusión intensiva del tema. Fuimos de hecho el espacio político que mayor cantidad de materiales, pasadas por cursos, y circulación digital de información realizó.

Uno de los grandes aciertos de La Maza fue fijar correctamente cuáles eran las demandas por las cuales luchar y ciertos pasos vitales para seguir. En este sentido, nos parece importante marcar la situación vivida en la 2da gran asamblea del cuatrimestre. Aquí hubo una participación masiva aún mayor que en el 2010, y se enfrentaron 2 posturas. Quienes sostenían que era necesario tomar para presionar, y quienes sosteníamos que era necesaria una jornada institucional donde instalar el tema en la comunidad educativa y ganarle la posición al rectorado. En esta asamblea nuestra postura fue clara y quienes planteaban la moción de la toma tuvieron que bajarla. De cara a las jornadas institucionales sacamos un material que establecía 4 puntos, que luego fueron tomados por las asambleas (y a posterior aplicados en otros terciarios). Aquí colocamos la importancia de luchar por la validez nacional, la autonomía para poder realizar reformas realmente progresivas para nuestro terciario, el rechazo a las homologaciones y de los plazos que nos daban para hacerlas, y la defensa de todos los puestos docentes. Argumentando sobre la base de estos puntos se logró instalar el tema, lo cual fue un punto clave para frenar las reformas. Y nos parece importante marcar que planteamos la necesidad de aumentar los plazos para acumular fuerza, que fue lo que terminamos ganando, a pesar de que muchas otras corrientes planteaban que era dejar la puerta abierta a las homologaciones.

A su vez tuvimos una presencia muy fuerte y continua durante la lucha frente a las homologaciones. Y no lo decimos sólo por la línea frente al conflicto, sino por el rol activo que hemos desarrollado en las asambleas, en la organización de la toma, en la convocatoria a las movilizaciones, e inclusive habiendo participado de las negociaciones con las autoridades de Ciudad y de Nación. Esto nos dejó un gran saldo de experiencias, acumulado en La Maza, que no sólo ha crecido durante el conflicto, sino que se encuentra en un piso más alto para continuar su trabajo el año entrante.

Un actor a tener en cuenta durante el conflicto fueron las autoridades del Joaquín, encabezadas por el rectorado, y acompañadas por un sector mayoritario en Consejo Directivo y las Juntas de Departamento. De entrada, el rectorado mismo estaba participando de las negociaciones de las reformas, a espaldas de la comunidad educativa. Su apuesta por ende fue desacreditar a las agrupaciones, y jugar con tecnicismos para afirmar que las reformas no eran regresivas, que eran meras adecuaciones ya que el Instituto estaba en norma, etc. Pero a la par, cuando se agudizó el conflicto conspiraron en contra de las asambleas y el Centro de Estudiantes, y llegaron a intentar movilizarse para levantar la toma a través de la fuerza (como dato de color podemos mencionar que se les filtró un plan secreto que contenía una estrategia para levantar la toma por sorpresa). Si bien no fueron efectivos en sus planes, su actividad pro-homologación y anti-lucha hizo efecto en una porción importante de estudiantes.

El aliado directo del rectorado fueron las agrupaciones kirchneristas, encabezadas por Nuevo Encuentro. Estas no pudieron plantear plenamente que estaban a favor de la Ley Nacional y las homologaciones (ya que se hubieran automarginado), pero se jugaron a levantar un proyecto abstracto de volver al Joaquín una universidad (lo cual según ellos nos permitiría escapar de las reformas), y a su vez a generar una corriente de opinión contraria a las asambleas y medidas de lucha (principalmente la toma). Inclusive llegaron a organizar asambleas paralelas, y articularon con los sectores estudiantiles conservadores de diferentes carreras para desarrollar su política. Esto siempre en sintonía con las autoridades del Instituto, de las cuales se mostraron como los mejores aliados. Sin embargo, su negativa a participar activamente de las asambleas (afirmando que no eran democráticas) les imposibilitó poder dar una disputa por la orientación del conflicto.

Es importante analizar también el caso de La Caravana de la Izquierda Independiente, frente conformado por el Frente Popular Darío Santillán y lo que actualmente es Marea Popular (en ese momento Juventud Rebelde/Rebelión + Socialismo Libertario). De entrada, se caracterizaron por una ausencia casi plena durante la lucha, como lo venían haciendo durante el año. En general, en la mayoría de las instancias importantes no participaron. Durante las asambleas mayormente no tuvieron posiciones, y cuando las tuvieron fueron completamente retardatarias. Por ejemplo, plantearon en las asambleas más masivas de los últimos años, que esos espacios no eran democráticos porque éramos pocos y no representábamos al grueso de los estudiantes (un argumento que utiliza permanentemente la derecha); durante la toma misma apenas si aparecieron; en las movilizaciones y cortes no estuvieron; y como si fuera poco, plantean que la prórroga conseguida no es real (a pesar de que conseguimos objetivamente que los inscriptos se anoten con el plan actual). Nos parece importante resaltar esto, siendo que La Caravana busca presentarse como una fuerza superadora a la conducción. Claramente no lo han sido ni durante el año, ni durante el conflicto.

En cuanto a la conducción actual, si bien hay que entender los matices a la interna, pudo levantar cabeza durante el conflicto y tener la presencia que no venía desarrollando hace tiempo. Junto a ellos buscamos tener una presencia unitaria para buscar fortalecer la participación estudiantil y avanzar en el reclamo. Es interesante tener en cuenta que el Centro de Estudiantes, que no había tenido asambleas regulares durante 1 año y medio, pudo tener una apertura objetiva (con asambleas masivas) que permitió expresar una posición de lucha genuina de los estudiantes. Esto es positivo porque de lo contrario no se hubiera podido avanzar. Sin embargo, el mismo proceso ha mostrado el rol limitado que tiene hoy la conducción del Centro. Si bien es cierto que no se la puede tachar de una conducción antidemocrática o retardataria, también es cierto que en los últimos 3 años de conducción el Centro no ha tenido ningún espacio regular de participación ni difusión. Por eso nuestra preocupación ha sido la de generar una continuidad de la participación de los estudiantes, que permita mantener la actividad para cuando pase el conflicto. Esto en el marco actual donde una de las tareas centrales es democratizar el Centro de Estudiantes. Esa fue la apuesta con la cual intervinimos en elecciones a fin de año.

Por último nos parece fundamental balancear la masividad del conflicto. Este crecimiento en la participación tanto de estudiantes como docentes se vio tanto en la múltiples asambleas y movilizaciones realizadas durante todo el cuatrimestre, así como en la gran cantidad de compañeros independientes que mantuvieron la toma participando activamente. Sobre este último punto podemos mencionar el hecho de que se sostuvieron aproximadamente el 50% de las clases, lo que que mostró la gran unidad que había al interior de la comunidad educativa para poder frenar las homologaciones, manteniendo siempre al Joaquín repleto. Esta unidad misma unidad también se vio en la práctica entre las agrupaciones que participamos activamente del conflicto, lo que permitió ahorrarle al conflicto luchas las típicas mezquinas, pudiendo discutir y avanzar de conjunto hasta conseguir el objetivo para este año.

4) Elecciones: el salto a la disputa sobre el modelo del Centro de Estudiantes

Los compañeros de la Maza decidimos presentarnos a elecciones de Centro de Estudiantes centrando el eje de nuestra propuesta en la democratización del mismo, entendiendo que el Centro de Estudiantes continúa aislado del estudiantado en general producto, en primera instancia, de la falta de espacios regulares de participación. Así, por ejemplo, la única forma que encuentra el estudiante independiente de participar es acercándose a alguna agrupación o participando irregularmente de alguna actividad o asamblea. En este sentido, luego de un último cuatrimestre de fuerte movilización estudiantil, La Maza puso en el centro del debate electoral la necesidad de construir espacios abiertos, regulares y democráticos al interior del Centro de Estudiantes que sirvan de medio para el crecimiento cuantitativo y cualitativo de nuestra herramienta gremial y el apropiamiento de esta por parte del estudiantado en general.

Los resultado obtenidos fueron altamente satisfactorios alcanzando casi un 12% y consolidando como fuerza política de peso una construcción de apenas un cuatrimestre. Logrando, así, referenciar de cara a todo el Instituto un frente de militancia orientado en la organización desde las bases, en el trabajo genuino y en una política de izquierda. La cantidad de votos obtenida nos permitieron ganar una Secretaria del Centro, en la cual plasmar nuestras propuestas y así poder generar desde nuestra organización política-gremial una construcción diferente que aporte a la creación de poder estudiantil.

A la vez, las elecciones nos permitieron hacer llegar nuestra voz a todo el Joaquín sabiendo que en este tipo de instancias el grueso del estudiantado se predispone a escuchar las diferentes propuestas. Hasta aquellos estudiantes alejados del debate político diario, conocieron nuestro frente de militancia y su propuesta. Así pudimos entablar contacto con nuevos compañeros interesados en nuestra política y afianzar relaciones ya entabladas. No es menor mencionar la experiencia obtenida en un ambiente hostil como suelen ser las elecciones, para una fuerza como La Maza que tuvo su bautismo de fuego en su primera elección.

En estas elecciones se dirimió principalmente la discusión sobre el proceso de lucha que se viene dando desde el último cuatrimestre, atravesado por el rechazo a la homologación y los métodos de lucha empleados contra esta, especialmente la Toma y sus 20 días de duración. En este debate, se expresaron dos grupos, un primer grupo que reivindicó el camino emprendido en la lucha contra la homologación y un segundo grupo crítico de las medidas empleadas y dispuesto a ingresar en el proceso de homologación dejando de lado, ya de entrada, la posibilidad de frenarla.

Dentro del primer grupo, podemos ubicar a la actual conducción del Centro, la cual supo referenciar el camino emprendido por el estudiante movilizado en su Lista. De esta manera, los resultados electorales ratificaron la conducción del Frente de la 29 de Mayo, el MST y la CEPA-PCR otorgándole la presidencia por cuarto año consecutivo. A pesar de haber estado casi ausente durante la primera mitad del año, encerrada en su propio caparazón, realizando lecturas erradas e impulsando luchas, como las del comedor estudiantil, legítimas pero alejadas del sentir y las necesidades prioritarias del estudiantado, la conducción supo abrirse, a partir del proceso de lucha contra la homologación, al estudiante movilizado y capitalizar los logros de la lucha emprendida de conjunto.

En este mismo grupo ubicamos también al frente del trotskismo, integrado por la UJS-PO y la Juventud del PTS, el cual reivindicó el rechazo a la homologación y los métodos de lucha empleados, pero desde una lectura alejada de la realidad estudiantil, que planteaba el rechazo abstracto a las políticas del Gobierno Nacional y de la Ciudad como mera forma de delimitación y sin un contenido más que el consignismo. De allí que antes de evaluar la posibilidad real de dar la lucha y su correlato táctico, simplemente se limitaron al ejercicio de la denuncia clásica de los gobiernos (sin proponer nada concreto para avanzar ni realizando una análisis de lo que implicaba la reforma específicamente en terciarios), y siempre buscando quedar más a la izquierda que el resto de las corrientes militantes. En este mismo sentido tuvo planteos ultraizquierdistas pretendiendo encauzar la lucha hacia el rechazo total a la Ley de Educación Nacional, sin medir la correlación de fuerzas y pretendiendo posicionamientos que iban a destiempo con el camino transitado por el estudiantado movilizado. A tal punto llegó la cuestión que en sus planteos criticaron al resto de las agrupaciones por no haber extendido aún más la Toma, sin medir el desgaste y la creciente oposición a la medida. Los resultados fueron contundentes: el trotskismo pasó de ser la fuerza que disputaba la presidencia con la actual conducción a caer en el cuarto lugar. Fueron los grandes perdedores de esta elección, un resultado esperado por su poca participación en el conflicto y su fuerte pérdida de presencia militante a lo largo del año.

En el segundo grupo, se ubicó el Frente del Kirchnerismo encabezado por Nuevo Encuentro (acompañados por La Cámpora y el Partido Comunista) con una postura completamente reaccionaria, cuestionando la legitimidad misma de las asambleas y los métodos de lucha empleados, especialmente la toma. Apuntando a ganar los votos del estudiante simpatizante del kirchnerismo, pero sobre todo los votos anti-izquierda, las agrupaciones afines al gobierno nacional tuvieron toda clase de planteos contra la organización estudiantil. Su visión de la homologación fue crítica pero titubeante, aliándose con el sector del rectorado más reaccionario y proclive a la implementación de la misma. El único planteo que buscaba superar esta problemática fue el de volver a hacer del Joaquín una institución dependiente del gobierno nacional transformándolo en Universidad Nacional y así poder esquivar la negociación curricular con el resto de los terciarios. Un planteo falso, ya que las mismas universidades deberán enfrentar este proceso regresivo y que sólo buscaba quitarle responsabilidad al gobierno nacional. Finalmente este Frente obtuvo el tercer lugar, un resultado similar al de años anteriores que muestra, por un lado, la poca llegada que tuvo su propuesta como para canalizar el voto crítico al proceso de lucha dado y así aumentar la cantidad de votos obtenida en años anteriores, y por el otro, el peligro que implica esta fuerza reaccionaria ya que a pesar de su casi nula militancia al interior del Profesorado mantiene una importante cantidad de votos.

Por último, en este segundo grupo, podemos ubicar a La Caravana de la Izquierda Independiente, conformada por el FPDS y la Juventud Rebelde/Rebelión + Socialismo Libertario (recientemente fusionados en Marea Popular). Si bien este agrupamiento se opuso a la homologación, desde un comienzo se mostró dubitativo, tendiente a resignar de entrada la oposición a esta medida regresiva y buscando desde el inicio la negociación por una mínima. Sin embargo, al ver que el estudiantado se movilizaba masivamente oponiéndose a la homologación, se adaptó y se sumo al resto de la izquierda planteando la toma. En su propuesta electoral, se cuidó de no posicionarse claramente contra la homologación y, por omisión, de despegarse de la toma (llegando a plantear inclusive que había sido una medida ultraizquierdista aparateada por el resto de las agrupaciones, negando la masividad de la misma), tergiversando su propio accionar. Mismo se referenció por oposición a los partidos de izquierda, algo que no es novedoso en el accionar de este agrupamiento. Finalmente, para sorpresa de todos, La Caravana, una fuerza que no tuvo peso militante a lo largo de todo el año, que no tuvo ninguna propuesta que haga pie en el estudiantado, que a pesar de su retórica democratizante no impulsó ningún espacio realmente abierto de participación, obtuvo el segundo lugar y por pocos votos no ganó la presidencia. Esta gran elección fue producto de varios factores que es fundamental tener en cuenta. En primer lugar, por el gran oportunismo de La Caravana a la hora de plantear su propuesta. Así, giraban 180° en su planteo según lo que quisiera escuchar el receptor al que disputaban (estar en contra o a favor de la toma, en contra de la homologación o no, demilitarse o no de los partidos, etc.). Al mismo tiempo, por el haber logrado canalizar el voto del estudiantado crítico a la extensión de la medida de la toma (más allá del enorme aparato movilizado para las elecciones). Un voto que no fue capitalizado por la propuesta electoral reaccionaria del kirchnerismo, pero que a la vez encontró en la retórica de La Caravana una referencia crítica a la homologación y a la vez, crítica de la toma y su extensión (siempre dependiendo de lo que el receptor quiera escuchar). Un camino que supo ubicar a este agrupamiento en la recta final por la presidencia, pero cuyo nivel de oportunismo le imposibilita capilitalizarlo hacia un crecimiento político e inserción real.

Dentro de este escenario, La Maza se ubicó coherentemente en el primer grupo, reivindicando las medidas de lucha emprendidas y planteando el rechazo a la homologación. Pero a la vez, siendo crítica del accionar de la conducción que poco hizo en todos estos años por construir un centro que sea la herramienta de organización de los estudiantes. El poco tiempo de construcción y referenciación no le permitieron a nuestro Frente estar presente en la recta final por la presidencia. Sin embargo, los resultados nos dan el lugar de una fuerza de peso que con más tiempo de construcción puede verse en la pelea por lograr la conducción. Así y todo, La Maza pudo poner en el centro del debate la necesidad de democratizar el Centro sosteniendo nuestra retórica con el accionar consecuente de un cuatrimestre de construcción aportando al desarrollo de las bases, desde abajo y a la izquierda.

5) Un cierre positivo con perspectivas a otro año de lucha

Sin duda el 2012 ha sido un año importante para el Frente de Estudiantes Libertarios. En el caso del Joaquín V. González, fue un ciclo que nos permitió acumular importantes aprendizajes a través de la experiencia concreta. Desde entender la necesidad de la lucha reivindicativa para desarrollar una política de izquierda, hasta la forma de encauzar un conflicto para ganar. Desde visualizar los límites precisos del trotskismo y de la izquierda independiente, hasta la comprensión de las tareas de la etapa para democratizar nuestro Centro de Estudiantes. Ha sido un año de desarrollar una estrategia de la izquierda libertaria de manera genuina y en contacto permanente con la realidad concreta de los estudiantes. Y los resultados se han visto en el crecimiento de la organización, en la referencia de cara al masivo, y por sobre todo, en los avances concretos que nos ha dejado el conflicto, no sólo por la prórroga, sino por el crecimiento de la participación estudiantil, que es la base para la construcción de un movimiento de masas que no sólo luche por mejorar las condiciones del sistema educativo, sino que se plantee la superación del sistema entero. Y por eso creemos que fue acertada la estrategia que elaboró el FeL en el 1er Congreso, que nos preparó para los desafíos de la lucha.

Queremos resaltar lo valioso de haber conocido y construido junto al resto de los compañeros que conforman la Maza. Tanto quienes son independientes dentro de La Maza como quienes militan en La Martedí, han sido de quienes hemos aprendido las más valiosas lecciones sobre la militancia, del trabajo en grupo, del compromiso cotidiano, y del contacto con el estudiantado real, el que existen en la situación concreta de nuestros terciarios. Esta herramienta que hemos construido en conjunto nos posibilitó a todos mostrar una política democrática y combativa, no sólo para defender al Instituto frente a las homologaciones, sino para romper con la fragmentación de nuestras carreras, y construir participación que forje un nuevo movimiento estudiantil.

Cerramos el año con la frente en alto, no de mero orgullo, sino de cara a los desafíos que nos depara el 2013. En el corto plazo, sin duda la prórroga es un escalón más en una lucha por defender la autonomía del Joaquín y su calidad educativa. En ese sentido, el año que viene deberemos continuar con la lucha frente a las homologaciones, que ya tienen plazos precisos para avanzar. Pero al mismo tiempo, nuestra organización plantea la necesidad de una estrategia que supere el cortoplacismo, y entienda la necesidad de una construcción de un movimiento estudiantil masivo. Para esto es importante la participación de los estudiantes de manera regular, y no sólo durante los cortos períodos de lucha. Se trata de romper con esos flujos y reflujos permanentes que tiene el medio estudiantil. Por eso nuestra estrategia se basa en la afirmación de que para ganar es necesario democratizar los Centros de Estudiantes, pero que al mismo tiempo sólo podemos aumentar la participación si empezamos desde las necesidades y reclamos concretos que tienen los estudiantes. En ese sentido, el conflicto frente a las reformas es una oportunidad para el despliegue de nuestra política de masas. Poder estar a la altura, es el desafío que encaramos con fuerte convicción revolucionaria.

¡Venceremos!

Frente de Estudiantes Libertarios