Barajar y dar de nuevo. Un balance de la militancia estudiantil en el IUNA

Published on marzo 12th, 2013

 

Quienes cursamos en el IUNA, fuimos partícipes en el año 2012 de la segunda experiencia más importante y movilizadora del claustro estudiantil del departamento de artes audiovisuales desde la creación del IUNA. Ese año se materializaron una serie de avances en términos de subjetividad política: aumentó notablemente la participación en las discusiones, así como también la disposición a formular demandas colectivas y luchar por ellas. También hubo avances importantes en términos de prácticas políticas: aparición de nuevas agrupaciones, la reactivación de las asambleas, la reactivación y creación de nuevas comisiones de trabajo.

Pero si por un lado el 2012 significó para nuestro claustro un avance en la construcción de espacios de organización que tengan continuidad en el tiempo, en relación al posicionamiento de las demandas estudiantiles creemos que no hubo ningún avance significativo. Esto trae una serie de importantes limitaciones para pensar la construcción de un movimiento estudiantil fuerte y masivo que avance a pasos firmes. De allí que como Frente de Estudiantes Libertarios consideramos fundamental poder realizar un balance crítico de las experiencias recientes, para poder aportar a la construcción de una alternativa que supere las limitaciones actuales de los que luchamos por la defensa de una educación pública y de calidad.

El problema eterno de la falta de objetivos

La construcción de un movimiento estudiantil realmente de masas, que movilice a los estudiantes en tanto sujeto (no sólo a las organizaciones políticas), debe conjugar las demandas propias actuales de todo el estudiantado, a la vez que debe tener la perspectiva de dar una disputa política, que se base en la defensa de la educación pública y que tenga como norte la transformación de la sociedad.

Desde el FeL creemos que al no haberse avanzado en lo reivindicativo, en el IUNA tenemos una traba fundamental a superar si queremos construir una mayor participación estudiantil. De allí que afirmamos que los problemas que enfrenta el claustro estudiantil (desde larga data) son de carácter programático. Tener un programa significa, por un lado, fijarse objetivos claros y alcanzables, que respondan a las necesidades reales de los estudiantes. Por otro lado el programa también tiene que plantear cuáles son los pasos que nos llevarán a conseguir los objetivos. Dicha falta de claridad programática se evidencia en las dificultades para mantener la participación de los estudiantes en la vida política de la universidad durante todo el año. Al mismo tiempo se nota en las dificultades del estudiantado para tomar la iniciativa e incluso erigirse como alternativa política, marcando la agenda frente a situaciones de conflicto (como en la toma del edificio de Rocamora), y salir de estos procesos fortalecidos.

Organizarse no es un objetivo en sí mismo: la organización de  los estudiantes es una herramienta para acumular logros que permitan seguir tensionando, acumulando y avanzando, para dar la pelea por las reivindicaciones de mayor envergadura que, en definitiva, son las más sentidas por la mayoría del estudiantado. Entre ellas podemos mencionar: la aguda falta de equipos, la ya histórica lucha por la doble o triple franja horaria, la reforma de los planes de estudio y la histórica reivindicación del movimiento estudiantil argentino, la democratización de los órganos de cogobierno.

Al interior del claustro estudiantil los problemas que expresamos se traducen, en líneas generales, en la falta de comprensión de los objetivos y límites de los conflictos por parte de un sector importante del activismo. Creemos que parte de esta cuestión surge por dos cuestiones: por un lado hay una falta (por parte de unos) y negación (por parte de otros) de una política que busque llegar al conjunto de los estudiantes, y no a una minoría de militante o activistas; por otro lado se ha demostrado poca comprensión de la correlación de fuerzas. Esto genera, ante dicha falta de claridad política, una constante acumulación de frustraciones y derrotas al movimiento, permitiendo la recomposición de las fuerzas opositoras a la izquierda, que avanzan en la construcción y propagación de discursos de índole reaccionaria, posibilitando el retroceso en la participación, al mismo tiempo que creando mayores dificultades en la construcción de poder estudiantil.

La falta de objetivos claros acompaña un perfil del militante que prioriza la lucha de máxima, por fuera de la realidad política práctica. Esto lleva a un idealismo, en el cual permanentemente se plantean consignas abstractas o radicalizadas al extremo de estar alejadas del nivel de desarrollo del conjunto del estudiantado, y por ende sin conexión con las necesidades políticas del Instituto. De allí que la lucha pasa por plantear la máxima posible, la lucha hasta el final, pero sin una claridad mínima sobre la situación concreta en la que nos movemos, los objetivos reales a alcanzar, y las posibilidades de avanzar hacia los mismos.

Un balance de la experiencia reciente

Luego del victorioso proceso de lucha del 2010, el IUNA atravesó un reflujo enorme del cual el estudiantado aún no ha podido escapar. En el caso del departamento de Artes Audiovisuales, este reflujo vino después de una lucha encabezada por el activismo, que ganó proporciones interdepartamentales, logrando sumar dos edificios al IUNA, las actuales sedes Rocamora (Audiovisuales) y Mitre (Visuales, Crítica de Artes y posgrados). En los hechos, la dirección de este proceso la asumieron las agrupaciones de izquierda con una base fuerte de activistas independientes que confluyeron en un espacio amplio de articulación, la Asamblea Interdepartamental, impulsora de asambleas en todos los departamentos y de acciones directas. De esta manera se sostuvo, entre otras cosas, la toma de sedes de 7 de los 9 departamentos. La lucha del 2010 apuntó a reivindicaciones fundamentales: edificios propios, mejoras edilicias, oferta horaria, departamentalización de las áreas transdepartamentales, etc. Durante el conflicto, la organización estudiantil impulsó la acción y la democracia directa, posibilitó la participación, el acercamiento de muchos compañeros y la referencia positiva de un proceso político de lucha. Es necesario remarcar que las tomas sólo fueron posibles por este trabajo, y no como reflejo frente a la situación estudiantil global (tomas generalizadas de los estudiantes secundarios, conflicto abierto en facultades de la UBA).

En el 2012 al profundizarse los problemas que atraviesa el IUNA (crisis edilicia, académica y económica) otra vez el estudiantado se puso en estado de alerta. El primer cuatrimestre trajo consigo la repudiable intromisión de las autoridades del departamento en las elecciones a consejeros estudiantiles, quienes a través del fraude lograron impugnar las últimas elecciones, para luego crear una agrupación estudiantil propia: la “Acorazado Potemkin”, impulsada por el mismísimo Secretario Académico, Osvaldo Girardi. Durante el segundo cuatrimestre se agudizaron los problemas estructurales, producto de, en gran medida, las políticas de desarticulación de la Agrupación Hugo del Carril, más la incapacidad crónica de las gestiones departamentales y superiores para dar respuesta al estado de ahogo presupuestario en que se encuentra el IUNA.

El año pasado la lucha fue muy diferente. Si bien los dos conflictos tienen puntos en común, y es posible hacer analogías entre ellos, lo que en 2010 se tradujo como articulación a nivel general de todo el IUNA, en 2012 fue a grandes rasgos solidaridad testimonial por parte de la mayoría de la izquierda (a excepción de algunos sectores con trabajo real de base). Por eso, el pasado año el conflicto no logró traspasar las barreras del departamento, aún con la toma generalizada de los secundarios. Este hecho resulta tanto más lamentable si tenemos en cuenta que la izquierda, al final del año pasado, contaba con cinco de los seis centros de estudiantes (cuatro departamentos o áreas transdepartamentales aún hoy no cuentan con centro de estudiantes), siendo Audiovisuales el único centro que tiene conducción kirchnerista.

Al analizar las diferencias en el desarrollo de ambos conflictos, uno de los factores a tener en cuenta es que en el 2010 la gran mayoría de las agrupaciones opositoras, todas ellas kirchneristas, o no contaban con militancia asegurada o ni siquiera existían como organizaciones. En 2012 esto cambió: hoy se observa su consolidación en el Instituto, lo que da más alcance a su función de despolitización en cada espacio de base. Sin embargo el 2012 trajo también una ampliación en la base de los reclamos, sobrepasando los de carácter presupuestario, integrando reivindicaciones de carácter académico y democratizadoras, como el blanqueo de los presupuestos departamentales y del Instituto Universitario, la necesidad de recuperar el Centro de Estudiantes de Artes Audiovisuales (CEAA) para la lucha, etc.

No obstante, es una realidad que el proceso de 2012, aunque con avances tanto en términos de subjetividad política (aumento de la participación en la discusión política y en la disposición a formular y luchar por demandas colectivas) como en términos de prácticas políticas (aparición de nuevas agrupaciones, la reactivación de las asambleas, la reactivación y creación de nuevas comisiones de trabajo), no logró tener la acumulación y claridad política suficiente como para vencer. Esto a nuestro entender se debe a diversas razones: el problema de la inexperiencia, la errada política de la izquierda partidaria, y la incapacidad para fijarse objetivos alcanzables.

En cierto punto los compañeros que hacían su primera experiencia y otros que fueron partícipes activos no supieron encontrar respuestas acertadas ante una realidad tan dinámica, no pudiendo ver los límites y alcances que contaba el estudiantado movilizado. Por otro lado, los compañeros que venían del proceso del 2010, pertenecientes a organizaciones partidarias, no sólo no brindaron una política efectiva, sino que su participación oscilante estuvo más relacionada con el oportunismo y un método verticalista. Priorizaron su propia construcción, antes que la acumulación de las bases en pos de conformar un movimiento masivo, y no se preocuparon por construir una fuerza mayor mediante la unidad, ocasionando problemas desde el comienzo (defendiendo el proceso tras su cierre como un triunfo histórico).

Por último, y no menos significativas, fueron aquellas posiciones que planteaban objetivos vagos e irrealizables. Estas posiciones, a pesar de estar enmarcadas en un conflicto reivindicativo claro, se esforzaron por conducir la lucha hacia la transformación del departamento en centro cultural y, sin correlación con la realidad, creían llevar a cabo una especie de Taller Total (experiencia cordobesa de autogobierno docente-estudiantil por cierto muy rescatable, pero que en Audiovisuales no contaba con ninguna base comunitaria, estudiantil, no docente y docente). Este tipo de posiciones fueron llevadas a un extremo, al punto de afirmar que la propia organización de base (las comisiones, y sus actividades) y la toma del garaje (para la apertura de un comedor) serían conquistas suficientes, que alcanzarían para compensar la derrota reivindicativa. Así, esta postura llevó a este sector a inclinarse por una organización asamblearia sin elecciones ni centro de estudiantes, política que no tiende a la masificación, sino a creer que el activismo, los que participan de las comisiones, son la base del movimiento estudiantil.

Creemos necesario superar las posiciones polarizadas y con pocos matices, que plantean el conflicto como un triunfo histórico, así como su correlato opuesto, una derrota total. Como FEL queremos avanzar en la organización y en la lucha, por eso apostamos a acumular las enseñanzas que dejó el conflicto, que pueden enriquecer nuestra experiencia. Entre estas enseñanzas encontramos la necesidad de una construcción genuina y desde las bases, así como la necesidad de avanzar desde nuestras reivindicaciones inmediatas hacía un cuestionamiento global del sistema educativo actual.

Algunas propuestas para pensar un nuevo rumbo

Las compañeras y compañeros del FEL buscamos construir, en el camino de una transformación social de raíz, una sociedad sin diferencias de clases sociales, organizada y gobernada por el conjunto de los trabajadores. En este sentido creemos que la tarea de los estudiantes para ir generando ese tipo de organización implica, hoy, construir poder estudiantil, entendido como la capacidad de los estudiantes en su conjunto de formar sus espacios de organización, que partan de la demanda reivindicativa, de manera democrática, y con una perspectiva hacia la disputa política. Entendemos que la forma de forjar esto es la organización en Centros de Estudiantes democráticos y participativos, que nos permitan obtener cada vez más derechos, avanzando hacia una educación de calidad y realmente al servicio del pueblo.

Por otro lado debemos reconocer el escaso desarrollo de la organización estudiantil actual: estamos ante una situación en la cual ésta es limitada, no pudiendo consolidar un trabajo permanente y orgánico, situación sintomática del estudiantado en Argentina, que no ha sabido conformarse como movimiento masivo que ponga freno al vaciamiento de la educación pública. Esta es la realidad sobre la cual debe basarse una construcción política. Es la herencia de la derrota del campo popular y de décadas de neoliberalismo.

Frente a la etapa de reconstruir las organizaciones del campo popular (en nuestro caso del medio estudiantil), consideramos absolutamente falsa la idea de que las luchas por mejoras inmediatas en nuestros lugares de estudio (y en la sociedad en general) estén separadas de las luchas por nuestro objetivo final, es decir la construcción de una sociedad verdaderamente justa e igualitaria. Para nosotros, es todo lo contrario: la lucha por estas mejoras inmediatas es la única forma de construir la sociedad que queremos. Es de esta manera que se construye el poder popular y estudiantil: luchando día a día, codo a codo, encontrándonos con cada vez más compañeras y compañeros que quieran cambiar las cosas, para que de esta manera crezca en nuestras mentes y en nuestros corazones, la certeza de que con cada sujeto activo que se suma a nuestra lucha damos un paso hacia un mundo sin diferencias sociales.

Ante el camino recorrido hasta el día de hoy en el IUNA, creemos necesario hacer un aprendizaje: si queremos plantear políticas de cara al conjunto de los estudiantes (política que realmente pueda generar procesos de cambio) no podemos dedicarnos a tener una política de gueto, reducida a quienes ya tienen conciencia hoy de la necesidad de un cambio profundo. El señalar con el dedo a los responsables políticos del deterioro educativo, no necesariamente garantiza que el estudiantado se sume a la lucha. Por el contrario, la experiencia muestra que para que más estudiantes sientan interés en participar, debemos esforzarnos por encontrar soluciones a los problemas que cotidianamente nos afectan como estudiantes, sumando nuestras fuerzas para que, día a día, crezca la conciencia de que podemos cambiar las cosas. Es la experiencia de la lucha la que nos permite comprender en carne propia que los problemas que nos afectan cotidianamente tienen una causa política profunda, que supera al lugar específico donde estudiamos. Es esta misma experiencia, junto a la efectividad de nuestra organización como estudiantes, la que nos hace comprender que un cambio es posible, y que cuantos más numerosos seamos, más cerca estaremos de conquistar una educación al servicio del pueblo.

Consideramos que estas son las tareas fundamentales para aportar a la construcción de un sujeto estudiantil activo y movilizado en el IUNA. La experiencia nos ha mostrado los límites de la política abstracta, y hoy el desafío pasa por apostar a llegar al conjunto de los estudiantes. Las condiciones desastrosas de nuestro Instituto son propicias para esta forma de pensar la militancia, pero debemos superar nuestras propias barreras. Sólo así podremos aportar nuestro granito de arena a la construcción de un movimiento estudiantil que luche por sus derechos, teniendo como norte la construcción de una nueva sociedad.

¡Arriba los que luchan!

¡Venceremos!

Frente de Estudiantes Libertarios

  • Vera Baxter

    Más allá de que encuentro varias cosas que considero erróneas, producto de la diferencia de visiones con respecto a determinadas cuestiones (lo cual, está bárbaro), les corrijo algo:

    No somos el único Centro Kirchnerista, Crítica de Artes es de La Cámpora :)