17 de octubre: lealtad a nuestra clase y lucha para defender nuestros intereses

Published on octubre 20th, 2013

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A continuación compartimos un artículo de nuestros compañeros de la agrupación sindical La Voluntad

En 1945, un día como hoy, la clase obrera argentina salía a las calles en una de las movilizaciones más importantes de su historia. La consigna era clara: libertad de Perón. Los motivos y razones eran más complejos. Lo que se reclamaba era mucho más que la libertad del líder, se trataba de una lucha librada por el movimiento obrero para hacer oír su voz y sus reclamos históricos. Perón no era solamente un Secretario de Trabajo derrocado, era el representante y la cara visible de estos reclamos.

La consigna “libertad a Perón” simbolizaba la imposibilidad de volver atrás. La vieja forma de gobernar se había acabado para siempre: ahora los trabajadores querían ser protagonistas, sin pedir permiso a nadie, ni siquiera al mismo Perón. Cuando le fue necesario, el movimiento popular peronista no dudó en enfrentar al gobierno de Perón, como en la huelga metalúrgica de 1954, y el gobierno peronista a su vez impulsó medidas contrarias a los trabajadores, como el Congreso de la Productividad que buscaba incrementar la explotación obrera. Perón incluso llegó a encarcelar a Cipriano Reyes, histórico dirigente sindical y una de las figuras clave de la movilización del 17 de octubre, porque este último se opuso a la decisión de Perón de disolver al recién nacido Partido Laborista – partido que jugó un rol decisivo en la victoria electoral de Perón.

La oligarquía no entendió que se había acabado su época, que a la historia no se la puede parar, y buscó detener el paso del tiempo encarcelando a Perón. Estaban tapando el sol con la mano. Esta incomprensión, que la llevó en 1955 a dar un golpe militar, a la proscripción del peronismo y a la destrucción de muchas conquistas obreras, obligó a los trabajadores a iniciar una larga lucha cargada de sangre, sudor y lágrimas en pos de conseguir el regreso de Perón y de defender lo ganado. La burguesía sólo pudo responder a esta lucha con dictaduras y elecciones con el peronismo proscripto.

Así fue como existió una reivindicación transversal a toda la clase, una consigna que era resultado de una acumulación de experiencias históricas capaces de aglutinar a la casi totalidad del movimiento obrero: el regreso de Perón. Hay que entender, y por eso lo repetimos, que por encima del líder en tanto persona había un motivo mucho más fuerte y sentido de fondo: la defensa de los intereses de clase y la voluntad innegociable de ir por más. Eso representó Perón, no sólo la defensa a los ataques de la burguesía, sino la demostración de que era posible avanzar, ir más allá de la mera resistencia. El hecho de que esa voluntad era realizable lo demostraban los triunfos y las conquistas del movimiento obrero organizado, y el triunfo de la movilización del 17 de octubre fue eso, la confianza de los trabajadores en su propia fuerza.

Así es como el 17 de octubre de 1945 significó la culminación de un proceso de ingreso de las masas trabajadoras en la política nacional, dejando claro que el sector mayoritario de la población exigía condiciones de vida dignas y que estaba dispuesto a dar todo por ellas. Más allá de las discusiones acerca de su significado, para la enorme mayoría de los trabajadores, no cabe duda de que el movimiento popular peronista es una de las más auténticas expresiones del pueblo trabajador argentino en lucha por su dignidad.

La movilización de sectores cada vez más amplios de la clase obrera, los avances enormes logrados en tan poco tiempo, hicieron crecer el orgullo y la dignidad de los trabajadores. Hubo una profundización del sentimiento antipatronal, y también del sentimiento antimperialista. El peronismo como movimiento popular se volvió cada vez más problemático para la elitista y cipaya clase dominante argentina. La dominación política y económica a la usanza oligárquica se hizo más inestable al entrar en escena el peronismo popular. Al suprimir toda expresión política peronista, los patrones y los militares buscaron acallar el movimiento popular, pero no hicieron más que subirle el fuego a una olla a presión que les reventó en la cara. La persecución convirtió al peronismo en sinónimo de resistencia antidictatorial. Como dijo un gran militante, el peronismo se convertía en el hecho maldito del país burgués.

Sin temor a exagerar, y salvo honrosas experiencias, la historia de la izquierda argentina es la historia de su incapacidad para comprender el peronismo. Puede perdonarse un error inicial, en especial ante las persecuciones que sufrió. Pero la persistencia de posiciones visceralmente antiperonistas en la izquierda argentina -el apoyo al golpe del ‘55 es sólo una de ellas- habla de una incapacidad para realizar un trabajo político en el seno de las masas a partir de su historia y de sus experiencias concretas. Los mejores cuadros de la izquierda argentina mantuvieron una relación compleja y crítica con la dirección del peronismo. Pero siempre supieron diferenciar el movimiento popular peronista -al que integraron o con el cual militaron codo a codo- de la burocracia y el gobierno.

Hace falta aclarar que a 68 años de aquel 17 de octubre, el peronismo popular de hoy es muy diferente del primero. El nivel de organización de los trabajadores es mucho más bajo hoy, así como lo es su conciencia de clase. Su integración a las ideas de los dueños de todo es también mucho mayor en la actualidad. Sin embargo, subsisten elementos valiosos de la identidad popular peronista en sectores importantes de la clase obrera argentina. En especial, la clara orientación antipatronal, antioligárquica y antimperialista. Es así que después del 2001, la militancia popular, aunque en muchos casos alejada en términos ideológicos del viejo peronismo, ganó protagonismo en la lucha por recuperar la dignidad que los trabajadores habían conquistado aquel 17 de octubre. Las tradiciones de lucha del pueblo no mueren fácil, y esta identidad rebelde no se había perdido en la memoria del pueblo.

Para terminar queremos dejar en claro que para nosotros Perón no era un revolucionario, no quería una Argentina socialista, pretendía armonizar intereses contradictorios para conducir. Pero resulta innegable que su compleja relación con la clase trabajadora desembocó en un aporte al avance de la conciencia de clase. Hay muchos compañeros que a nuestro entender se quedan sólo en el debate de la figura de Perón. Debemos superar la crítica a Perón para así poner en el centro de la escena al bravo pueblo. Sólo así, los militantes obreros podremos partir de la conciencia de clase concreta y real del pueblo para avanzar.

 

Por una Argentina Socialista y con la seguridad de que los trabajadores VENCEREMOS!

La Voluntad